Leticia salió de la prisión con una sonrisa astuta.
Si Mafalda tuviera que elegir a la persona que más odiaba, esa sería precisamente Marina.
Condujo hacia su casa.
Al abrir la puerta, se encontró con Adriano, quien, sin mediar palabra, cerró la puerta de un portazo, con el rostro sombrío por completo.
Leticia, temblando de furia, dejó el regalo en el umbral.
—Papá, les compré un obsequio, lo dejé afuera.
Adriano hizo como si en ese momento no la hubiera oído, se dirigió a la cocina, sirvió un t