—Viví cinco años en una isla, alejada de todo. Cada día me despertaba para entrenar, aprender nuevos idiomas, negociar, gestionar… y desarrollar un sinfín de habilidades.
Marina había aprendido muchísimo durante todo ese tiempo.
Sin embargo, la isla no era un lugar seguro, y aunque ese periodo ya quedaba atrás, prefería no revivir los detalles.
Los profesores que Nicolás me asignó eran todos hombres, y yo era la única mujer en la isla.
Esa situación, evidentemente, había sido peligrosa para mí.