De repente, Marina dejó de resistirse, como si hubiera aceptado tristemente su destino.
Tomás, al verla tan sumisa, mordió su delicada clavícula. El efecto de este potente medicamento fue muy rápido. Justo cuando él comenzaba a relajar un poco su agarre sobre ella, Marina con sagacidad sacó con rapidez un pequeño cuchillo afilado del bolsillo de sus pantalones.
Con precisión y sin vacilación alguna, se cortó el brazo para mantenerse consciente. Los espectadores, algunos de ellos con nervios tan