—¿Me acompañas a tomar algo? —Lidia sabía cómo ser desafiante y altiva, pero cuando quería, podía mostrar una expresión de vulnerabilidad que hacía que cualquier hombre se derritiera a sus pies.
Y Tulio por su parte por supuesto no era tampoco ajeno a los encantos femeninos.
Se sentó de nuevo, suspiró con resignación y dijo:
—Está bien, tú bebe, yo sólo te miraré.
Lidia sonrió levemente, dio un sorbo a su copa y luego le preguntó:
—Señor Tulio, ¿dónde trabajas?
Claro que ya lo sabía, ella se hab