Después de comer, Yulia y Baltasar regresaron a su casa para descansar.
Ella nunca había tenido tiempo de explorar muy bien el lugar, pero ahora, aprovechando que estaba tranquila, decidió echarle un rápido vistazo.
En la sala, vio varios muñecos, muchos de los cuales le gustaban.
Baltasar se fue a preparar jugo y le dijo que podía tomarse su tiempo para mirar todo.
—¿Puedo ver el dormitorio?
—Claro, adelante —respondió Baltasar, sonriendo.
Yulia, con una sonrisa muy suave y delicada, abrió la