Iker aceptó emocionado.
—¡Mañana te acompaño a jugar!
—¡Iker, tu papá llegó! —llamó la maestra.
—¡Diego vino a buscarme! ¡Adiós, Inés! —Iker se puso emocionado rápidamente la mochila.
—¿Diego quién? —Inés preguntó, con una cara de tristeza al despedirse de Iker.
—¡Diego es mi papá! ¡Tontita!
Iker ya no podía esperar más tiempo para llegar a casa, así que, sin pensarlo dos veces, se despidió rápido de Inés y algunos de los compañeros con los que había estado jugando, y siguió corriendo a la maest