En ese preciso momento, la atmósfera en la mesa se tornó algo tensa.
Benito, aunque bajo y de apariencia inofensiva, no era tan fácil de intimidar. Su sonrisa permaneció intacta mientras se levantaba a servir el vino, tanto para él como para Daniela.
Este vino era fuerte, y con unas copas de más-, aquellos que no tenían mucha tolerancia al alcohol empezaban a sentirse al instante un poco mal.
Benito, con un tono bastante sincero, levantó su copa y dijo:
—Señora Daniela, permítame brindarle. Come