Daniela llegó a casa cerca de las once de la noche, agotada, tanto física como emocionalmente.
Lidia se había ido a una fiesta, y Augusto, quizás, estaba en la cama de otra.
La casa estaba vacía, lo que la hacía sentirse aún más sola y triste. En el trabajo, había estado al borde de un enfrentamiento con el director de finanzas, y ahora, al estar sola en casa, ese vacío la incomodaba un poco. Pero solo un poco.
Tras una ducha rápida, Daniela se tiró exhausta en la cama, reflexionando sobre el gr