Diego miró fijamente los dedos de Marina que tocaban traviesa su pierna.
—¿De verdad hay premio? —preguntó en voz baja.
—Sí, te lo juro —respondió Marina, sonriendo de forma bastante coqueta, y uno muy bueno.
Diego levantó una ceja, algo intrigado.
—No quisiste heredar el Grupo Cabello por tres razones. La primera: con la personalidad de Luna, si hubieras heredado las acciones, ella te habría estado insistiendo todo el tiempo para que le entregaras la administración a Matías. La segunda: los acc