Marina apretó el botón para contestar la llamada casi sin pensar.
Del otro lado, la voz de Renato sonó baja, cargada de preocupación:
—Señora, ya atrapamos al tipo, pero... en la habitación no encontramos a la señorita Yulia. Él se niega a dar cualquier información.
El corazón de Marina dio un respingo tan fuerte que por un instante le cortó la respiración. Un destello de angustia pasó por sus ojos, pero se obligó a mantener la calma.
—Sigan presionándolo. Tienen que sacarle algo, cualquier cosa