Diego intentó mantener la calma, forzando en ese momento una sonrisa.
—Bueno, te lo dejo a ti, entonces.
Marina aceptó, se concentró por un momento y empezó a cortar el cabello de Diego.
Él solo podía ansioso rezar en su mente, esperando que al menos quedara decente. No pedía mucho, de verdad.
Aproximadamente media hora después, Marina seguía cortando entretenida el cabello con mucho cuidado, pero por más que lo intentaba, no estaba del todo satisfecha con el resultado.
Miró lo que había hecho y