Marina se levantó por la mañana, desayunó un poquito, pero como no tenía mucho apetito, dejó el tenedor a un lado.
—Diego, voy a la oficina. Hoy te toca a ti encargarte del patito.
Diego, al ver que ella apenas había comido, también dejó su tenedor a un lado y dijo:
—Hoy te llevo a la oficina. Cuando regrese, paso por la peluquería a cortarme el cabello.
—Vale, está bien —respondió graciosa Marina.
Los dos subieron al segundo piso a cambiarse para salir.
Diego se cambió primero, tomó su cinturón