—Tú... —dijo Nerea, mirando a Luna con reproche—. Luna, después de todo, Marina es tu hija, ¿cómo puedes hacerle esto? Llegaste al punto de convertirte en enemiga de tu propia hija, me has decepcionado muchísimo.
Luna cambió de inmediato su expresión y, nerviosa, trató en ese momento de defenderse.
—Mamá, el adivino dijo que su destino era malo, que nos traería una terrible desgracia. Yo solo tengo miedo de que termine perjudicándonos a todos.
Nerea no podía creerlo. Gruñó con enojo y respiró ho