Mateo fue detenido de inmediato por la policía.
La fiesta terminó.
Pablo observó a Marina y, en tono bajo, preguntó:
—¿Fuiste tú? ¿Verdad?
Marina le sonrió con un toque de misterio.
—¿De qué hablas?
Pablo la observó detenidamente mientras ella se alejaba, con el rostro sombrío. Estaba seguro de que todo lo que había pasado tenía algo que ver con ella.
El auto salió a gran velocidad de la mansión de Mateo, y los policías, que solo estaban ahí por él, no se pusieron en su camino.
—¿Ricardo, entren