Matías tomó cuidadoso la caja de regalo que Leticia le tendía y la miró con curiosidad.
—¿Por qué no entras tú y se la das?
Leticia bajó la voz y respondió con cierto aire de incomodidad:
—Quería hacerlo, pero ya sabes… Marina y yo no nos llevamos bien.
Matías aceptó, entendiendo la situación.
—Bien, tranquila. Yo se la entrego.
—Muchas gracias, Matías.
Mientras hablaban, sus ojos se desviaron con rapidez hacia la mesa del auto, donde había dos sobres con el logotipo de un hospital.
—Bueno, ya m