Después de colgar, Marina dejó caer preocupada la cabeza, visiblemente absorta en sus pensamientos. Llevaba un conjunto blanco sencillo, con el cabello suelto cayendo delicado sobre sus hombros, y su expresión reflejaba cierto desconcierto.
Diego, al notarla tan ensimismada, le acarició la cabeza con suavidad.
—¿Qué pasa? —preguntó en un tono bajo y calmado.
Marina alzó pensativa la vista, con la mirada cargada de un mar de emociones.
Extendió temblorosa la mano hacia él, y Diego no dudó en rode