Paloma dirigió la mirada hacia la puerta de enfrente, que permanecía cerrada.
Antes de que pudiera articular una palabra, el joven le roció un spray en la cara.
Blanca, que había salido apresurada de la cocina para ver con quién conversaba su madre, recibió el mismo ataque. A partir de ese instante, todo se tornó un vacío para ella.
—¡Apúrate, quítale la ropa y graba todo! —ordenó Mauro, el joven de apariencia ingenua, cuya expresión en ese instante se había tornado feroz. Hasta entonces, habí