Después de ducharse, Marina salió al balcón.
Al verla, Diego sonrió y le dio un suave golpe en el hombro.
—¿De qué te ríes?
Diego dejó el plato a un lado y tomó la mano de Marina, ayudándola a recostarse sobre él. Con una sonrisa que iluminaba su rostro, su pecho se movía de un lado al otro con emoción.
—¿Estás loco? —preguntó Marina, alzando la vista y mordiendo juguetonamente su barbilla.
—Fuiste al hospital a buscarme esta noche —dijo Diego, abrazándola por la cintura—. Estoy sorprendido.
Ma