Después de ducharse, Yadira se dirigió al estudio en busca de Camilo.
Solo una lámpara Iluminaba tenuemente el lugar.
Camilo no estaba trabajando.
Descansaba en la silla, con los ojos cerrados, sumergido en sus pensamientos.
Yadira entró en silencio y, con una sonrisa encantadora, le informó que ya había enviado las invitaciones para el banquete de compromiso.
—Ya veo —Camilo abrió los ojos y giró suavemente los labios—. Gracias por encargarte de todo.
—No ha sido ningún esfuerzo, estoy muy emo