El auto estaba en silencio. Daniel miró cauteloso por el espejo retrovisor y vio que Diego, en el asiento trasero, tenía los ojos cerrados.
Después de una hora de espera, finalmente los abrió y preguntó con una voz ronca:
—¿Dónde está Yolanda?
Daniel se giró y le respondió:
—Voy a llamarla.
Contactó apresurada al guardaespaldas de Yolanda para averiguar su ubicación.
Aún no había colgado cuando escuchó a Diego decir:
—Organiza algo para que se divierta esta noche.
Daniel se sorprendió por un m