Mundo ficciónIniciar sesiónUn pensamiento extraño nubló mi mente en ese instante. ¿Y si realmente estaba hecha para dirigir grandes empresas?
Sacudí mi cabeza en señal de negación, lo mio era escribir libros . Relatar historias de amor, eróticas o de aventura de cualquier tipo era lo que más me fascinaba . Vivía cada una de ellas mientras las escribía, y mi mente volaba junto a mi alma a tierras lejanas, en us a de nuevos personajes y sus destinos. -Yo no he nacido para ser empresaria---solté con coraje contenido. - Hija---mi madre me conocía mejor que nadie, por lo que usó un tono calmado y lleno de ternura como pocas veces había hecho conmigo. Hasta me parecía de lo más extraño. - Ahora no, mamá---recalqué la palabra "mamá" y mi tono sorprendió bastante. Mi marido casi escupe la bebida de su boca. Levanté la mano y respiré pausadamente pero con enfado. Intentaba calmarme para no crear una guerra innecesaria. - Isabel, yo no tengo la intención de irrumpir en tu vida y cambiar tus planes, pero eres la única que tiene la sangre fría para llevar este negocio. Es una herencia...eres mi única hija... - No es posible que vengas con ese cuento chino--- interrumpí su discurso lleno de familiaridad--- no es posible que aparezcas después de tantos años en lo que te importé una m****a y me digas ahora que soy parte de tu familia y que tengo que llevar tus negocios como si esto fuera de lo más normal--- dejé caer mi rostro en mis manos cerrando los ojos; era la única forma de tener encadenadas mis emociones. Mi tono era de enfado total, pero evitaba levantar la voz para no asustar a mis niñas. Tomé el vaso de zumo y bebí. - Amor,entiendo que todo esto te sorprende y que te asusta un poco tal vez, pero no estás sola. Nunca más te dejaré sola--- Felipe besó mi coronilla y luego apoyó su cabeza en la mía. Asentí con un gesto tan raro como definitivo. Tenía que poner de mi parte; se lo había prometido a toda la gente que me rodeaba y desde el cariño y el sentido común tenía que cumplir sí o sí. - Vamos a hablarlo en otro momento, ¿sí?---supliqué dirigiendo mi mirada hacia Mike. - Como quieras hija,así se va a hacer---comentó resentido. De cualquier manera no le quedaba más remedio que aceptarlo. Michael habló con una naturalidad que daba envidia. Me costaba acostumbrarme a su forma de ser, aún después de tanto tiempo. Veía a mi madre y a mi hermana muy felices y ¿quién era yo para estropearlo? Últimamente tenía muchos cambios de humor.Pasaba con facilidad de llorar como una niña que perdió su caramelo, a reír hasta las lágrimas por una razón que no tenía ni sentido. Habia un porqué y lo tenía que compartir con todos estos seres que me rodeaban. Ellos más que nadie se lo merecían. - Eh---carraspeé---el motivo que nos reune hoy es otro---carraspeé una vez más--- por fin he sacado mi segundo libro--- la sorpresa fue muy grande y más cuando saqué del armario del comedor varias bolsas de regalo, una para cada. Sus reacciones espontáneas parecían pasar en cámara lenta y junto a unas inhalaciones audibles, llenaron la sala . - Esto si que es un acontecimiento inesperado, has tenido muy bien guardado el secretito, ¿eh?---me hizo ojitos arrugando la nariz. - Ay mi Dani, tu cres que lo sabes todo , pero esta vez he sabido guardar muy bien mi secretito ---reí, otra vez el cambio de humor hacia de las suyas. Toqué suavemente mi barriga. - No me digas que ... Felipe me miró con ternura y felicidad y yo no pude más que confirmar con la mirada lo que tanto había deseado, ser padre otra vez. - Por esto te escondias, para escribir nuestra historia---levantó el libro sacudiéndolo en el aire mientras sus mejillas se mojaban de lágrimas de felicidad. Lloré con el. Me abrazó como a un niño y me llenó de besos. Todo pasó tan rápido que casi ni me dio tiempo de articular palabra. Los murmullos que anteriormente cubrían el silencio de la sala, ahora se habían convertido en una alegría difícil de parar. Me imaginaba un momento así la verdad, ya era hora. Felicitaciones y palabras bonitas deseandonos todo lo mejor bendicieron la noche. A mi Felipe se le escaparon algunas lágrimas en algún momento y sin ningún pudor las disfrutó. Bailó con Sofi y con Lorena, también lo hizo con mi madre. Cuando se trata de esos dos sobran las palabras , ya que mi madre siempre quiso a Felipe como a su propio hijo. ***** - Estoy deseandito de leer nuestra historia---susurró Felipe a mi oído mientras bailabamos. Reí. - ¿Cómo sabes que se trata de nosotros?---el me abrazaba por las espaldas y yo dejé caer mi cabeza en su pecho. Sentí una mano en mi vientre y la otra la tenía entrelazada con la mía. Cerré los ojos disfrutando de su compañía. - ¿Te acuerdas que fue lo que te dije la primera vez que nos vimos?--- preguntó suavemente acercando sus labios a mi oído. - ¿Que lambada era una de tus canciones favoritas?--- rió a carcajadas y a mi me encantaba provocar eso. - Nooo--- su estado provocó en mi una alegría inimaginable y acompañé su risa. - Eso fue de lo primero que me dijiste cuando nos conocimos--- repliqué. - Cuando me quedé en tu casa, te dije que eres mía y que nadie va a poder impedirlo--- sedujo mi oído una vez más. Besó el lóbulo de mi oreja y me deleité en el proceso mordiendo mi labio inferior. Me dio la vuelta y me besó con ternura. Nos daba igual si nuestra casa estaba repleta de gente querida; importaba que los niños ya se habían ido a la cama hace tiempo y podríamos sentirnos indecentes un rato. - Ahora que recuerdo---dije entrecerrando lo ojos--- fuiste tu el que me separó de Sebastián, ¿verdad? - Eras mía, tu solo tenias que aceptarlo---besó mis labios fugitivamente. --- Te negabas a ceder a mis encantos. Reí a todo pulmón. - Pfff,a tus encantos dices--- lo empujé suavemente. ---Eras más bruto que una tormenta Felipe, me dabas miedo. Mi rechazo era siempre la respuesta a tus movimientos duros que no hacían más que alejarme de ti. En aquel entonces , yo todavía soñaba casarme por amor,no porque mi padre pactaba una boda con mi verdugo. - Isabel, ¿verdugo yo? ---rio entrecerrando los cejos. Me arrastró a la salida del salón que daba al patio trasero de la casa. Me besó larga y tendidamente y me calentó el ser como nunca antes lo había hecho. Nos podíamos escapar unos minutos pero todavía teníamos invitados. - Para ya... - Eres mía, dilo---susurró en mis labios mordiéndolos---te obligaré---rio.---Tu madre pactó este matrimonio y fue lo mejor que me pudo pasar en la vida. - Tregua--- reí y sus labios bajaron a mi cuello. Jugaba con mi piel dando mordiscos. Su respiración era cada vez más pesada y me ponía a mil, pero tenia muy presente que no estábamos solos---. Por favor, tregua---repetí y un gemido salió de mi garganta. - Está bien, pero me debes una y muy gorda. Asentí con la cabeza intentando regular mi respiración. Me abrazó besando mis labios. - Parece que estás marcando territorio---reí---. Tu forma de abrazarme es muy territorial, ¿no crees?---di unos golpes suavemente en su pecho. -Tregua...dijiste tregua---todavía me tenía abrazada de la cintura y me veía insistentemente a los ojos. - Está bien. ¿Qué quieres? - Quiero renovar los votos, quiero jurarte mi amor eterno una vez más. - Oh, mi amor, pero si lo haces todos los días--- acaricié su cara. Su barba de tres días lo hacía parecer tan sexy , tan varonil. Mi Felipe era muy varonil. Lo sigue siendo. - Ya sé, y lo haré por el resto de mis días. Pero quiero revivir la emoción de verte llegar al altar ,de ser yo el que te espera, de ser el único hombre en tu vida; y si esa es la forma más adecuada de marcar territorio--- sonrió--- pues soy capaz de cualquier cosa. Renovamos los votos dos semanas después. Fue la fiesta más hermosa que tuvimos , más que la boda, diría yo. Bailamos, cantamos, disfrutamos como nunca. Pero lo bueno acaba más antes de lo esperado. Después de la boda, Michael tuvo una recaida de la que no se pudo recuperar. Mi madre sufrió muchísimos con el hasta su último suspiro. Al final lo que tenga que pasar, pasa, aunque se haga esperar. Lo inevitable es imposible de echar a un lado.






