Los ojos hambrientos de Vanessa recorrieron el grueso relieve de su miembro, observando cómo una perla de líquido preseminal brotaba de la hendidura y se deslizaba por la cabeza enrojecida. Antes de que él pudiera siquiera terminar su orden: «Sé una buena chica y dame una excelente dosis de placer»...
Ella ya se estaba lamiendo los labios, con el coño contrayéndose de pura anticipación.
—Sería un crimen negarse. Y yo no quiero ser una criminal —ronroneó, sacando la punta de la lengua para atrap