Vanessa hundió la cara en las sábanas, aferrando la tela con los dedos mientras sus uñas se clavaban en el tejido.
Él le jaló las caderas hacia atrás. Ella se dejó hacer. Sus rodillas se separaron sobre el colchón sin necesidad de que se lo ordenara.
El primer sonido que salió de la boca de él fue un gruñido bajo, casi como un zumbido. Aprobación. O diversión. Ella no lograba distinguirlo.
—Estás empapada otra vez.
Vanessa apretó la mandíbula. No respondió.
Él deslizó el pulgar por su intim