—¡Eso es ridículo!
Justin estalló y se levantó de la silla; el chirrido de las patas de metal contra el suelo de linóleo cortó el murmullo residual de la sala.
Su rostro era una máscara de absoluta incredulidad, salpicado por un rubor furioso. —Apenas lleva tres años aquí. Yo he estado aquí el mismo tiempo que ella. ¿Cómo demonios va a ser la líder?
El aire en el auditorio se congeló. Decenas de cabezas se giraron, ansiosas por ver cómo la jerarquía se despedazaba a sí misma en el primer día.