Mundo ficciónIniciar sesiónNeferet no es cantante ni actriz, pero eso no es impedimento para que ande de boca en boca tal cual celebridad. Desde que la noticia de su ruptura con su pareja de cinco años salió a la luz ha sido el blanco de críticas y habladurías. Puesto que, a sus veintiocho años no se ha casado ni ha tenido hijos y este rompimiento para muchos significa soltería de por vida. Cuando las olas parecen estar tranquilas y deja de ser el centro de atención, nuevamente la marea la arrastra y la hunde al estar involucrada amorosamente con un chico siete años menor que ella.
Leer másClara
Era en medio de la noche y sentí los dedos de Dennis subiendo lentamente por debajo de mi camisón mientras los dos estábamos acostados bajo el edredón. Una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando sus caricias suaves y ligeras me sacaron poco a poco de mi estado de sueño.
Él siempre sabía cómo encender ese deseo en mí.
Lo siguiente que sentí fueron sus dedos rozando mi sexo cubierto por la ropa interior. Fingí seguir dormida mientras mordía los gemidos que amenazaban con escapar de mi boca.
Él también estaba callado; lo único que podía oír era su respiración, un poco más rápida de lo normal. Cuando miré discretamente hacia abajo, vi que se estaba acariciando a sí mismo, gracias a la tenue luz de la lámpara de la mesita.
Siguió frotando mi clítoris, haciendo que me humedeciera y empapara mis bragas. Pronto escuché el sonido de ropa moviéndose cuando se bajó los pantalones y, lentamente, me bajó la ropa interior como si intentara no despertarme. Pero eso fue un fracaso, porque yo estaba completamente despierta y lista para disfrutar del placer que estaba a punto de darme.
—Sé que estás despierta. Lo noto por tu respiración —dijo, y ni siquiera me dio tiempo a reaccionar o decir nada antes de abrirme las piernas con fuerza y sujetarlas.
Antes de que pudiera parpadear, su rostro ya estaba enterrado entre mis piernas y su lengua recorría de arriba abajo mis labios húmedos e hinchados.
—¡Joder! —gemí con voz entrecortada, sintiendo como si me estuviera incendiando en un fuego de placer.
—¿Te gusta así, eh? —preguntó mientras su lengua comenzaba a girar y penetrar mi abertura mojada. Antes de que pudiera procesar nada más, su miembro se deslizó dentro de mí y, durante más de una hora, Dennis me folló con una fuerza diferente que me dejó las piernas como gelatina, completamente sin fuerzas.
El silbido de la tetera me sacó de mi ensoñación matutina. No podía creer que una vez más me hubiera perdido en el recuerdo de nuestro último momento íntimo. Esta mañana estoy preparando el desayuno para los dos. Pero estoy llena de tanta alegría que no creo que mi cuerpo pueda contenerla.
Dennis había viajado hace aproximadamente una semana, y yo me había quedado con los recuerdos de nuestras intensas y apasionadas noches juntos. Siempre fantaseo con ello y disfruto cada segundo. Extrañaba muchísimo su presencia y todo lo que hacíamos juntos, pero estoy muy feliz de que regresara tarde anoche.
Porque esta mañana tenía un regalo sorpresa preparado para él. Algo que él había insinuado de forma casual que deseaba.
Anoche me hice una prueba de embarazo y salió positiva. Estaba tan feliz de estar ahora llevando al hijo de Dennis. Era un deseo secreto que él no expresaba mucho, pero yo sabía que cuando finalmente se enterara de que estoy embarazada, estaría mucho más feliz que yo.
Sin embargo, toda la noche estuve pensando en cómo quería darle la buena noticia. Quería que fuera algo especial, aunque sencillo, y había estado imaginando qué haría él y cómo sería su reacción.
Y ahora, se me había ocurrido la idea perfecta.
Seguí preparando el desayuno: principalmente tostadas, omelette y tocino con chocolate caliente. A él le encantaban las bebidas de chocolate como parte de su desayuno. Y justo cuando estuviera terminando de comer, le revelaría mi sorpresa.
Mientras colocaba la comida en la mesa, Dennis entró, luciendo tan arrebatador como siempre, incluso recién despertado.
Tomó asiento y murmuró:
—Buenos días, Clara.
—Una mañana maravillosa, Dennis —respondí, intentando no sonreír demasiado para no delatar que algo estaba pasando.
—Definitivamente es una mañana maravillosa —dijo Dennis. Tomó su taza de chocolate caliente, dio un largo sorbo y suspiró satisfecho—. Siempre preparas el mejor desayuno, Clara —añadió, mirándome a los ojos.
Mi corazón se llenó de calor con su cumplido y resistí el impulso repentino de contarle la noticia en ese mismo instante. En cambio, me ocupé en cortar rebanadas de tostada, manteniendo las manos tranquilas aunque los nervios me ardían dentro del pecho.
Ya podía imaginar la alegría que iluminaría su rostro, la forma en que me abrazaría con fuerza y me diría que no podía esperar a ser padre. Por eso no pude evitar observarlo con anticipación mientras empezaba a comer, tratando de encontrar el momento perfecto.
Antes de que pudiera hablar, Dennis se aclaró la garganta.
—He estado pensando en algo toda la noche, algo que tengo que decirte —dijo con un tono serio pero extrañamente emocionado.
—¿Ah? —Dejé el cuchillo sobre la mesa y me acomodé, aunque ya estaba sentada correctamente—. ¿Qué quieres decirme? —Tomé el pequeño plato que había preparado para la sorpresa.
Él hizo una breve pausa y, por un instante fugaz, pensé que quizás había adivinado mis planes de sorprenderlo esa mañana. Tal vez había encontrado la prueba de embarazo anoche y estaba a punto de decirme lo emocionado que estaba.
Pero entonces sonrió —una sonrisa brillante, casi infantil— y dijo:
—Cynthia despertó.
La habitación se congeló. Sus palabras me golpearon como una fuerte bofetada en la cara. Cynthia.
Sentí que mis manos se quedaban paralizadas, una de ellas aferrada al borde de la silla.
—¿Ella… despertó? —pregunté en un susurro, aunque lo había escuchado perfectamente.
—¡Sí! —La emoción de Dennis era innegable; sus ojos brillaban mientras se inclinaba hacia mí—. Salió del coma ayer. Los médicos me dijeron que ahora está estable y que pide verme lo antes posible. Clara, esto es increíble. Después de todos estos años…
Dennis no pudo terminar de hablar antes de que el plato que contenía el resultado de la prueba de embarazo se me cayera al suelo y se rompiera, produciendo un fuerte ruido de cristales.
Una representación perfecta de lo que mi vida acababa de convertirse en cuestión de segundos.
Se estaba desmoronando.
—Puedo decir lo mismo, mi querido Sebastián —hablé con ciertas intenciones y él capto inmediatamente cuáles eran—. Pero mis secretos nunca serán tan mordaces como los tuyos.—¿Qué se supone que está pasando aquí? —interviene en una cuestionante Thiago, mirándonos por intervalos. Se encuentra ofuscado en la ignorancia, es comprensible, ¿pero es adecuado que sea yo quien lo ponga en contexto de lo que está pasando? Al final del día, no soy tan maldita y la vergüenza en este momento no solo me pertenece a mí. —No tengo tiempo para esto, vamos, Neferet, hablemos afuera —dicho esto, tomó mi mano con intención de guiarme a su antojo. No lo permití. —¿Quién te crees? —interpelé con el ceño fruncido y una mirada mordaz, agria, mientras a la vez, me solté con acritud—, ¿por qué te permites tocarme?, ¿con qué derecho? —Neferet… —dijo mi nombre como un tipo de advertencia, elevé ambas cejas y le dediqué una sonrisa de lado. —¿Te atreves? —cuestioné, entre tanto di un suspiro al viento en ca
No nos tomó ni un segundo para que nuestros labios se movieran uno encima del otro en sincronía perfecta.Mi respiración se intensifico junto con nuestros movimientos, sus manos ahora enredadas en mis cabellos, acortando, arrastrándome hacia él, hacia más cercanía.—Neferet… —mi nombre salió de sus labios en un susurro persistente.Lo sentí estremecer y para encubrir este hecho, su mano se ensambló con fuerza en mi cabellera, mordí mi labio inferior en respuesta.Provoqué nuestra separación, solo a milímetros de distancia, mientras mi dedo índice fue colocado en sus labios húmedos, desamparados.—No quiero pensar en nada, bésame, solo hazlo de esa manera y mantelo ahí.Thiago cohibido en ansia se limitó a asentir, una sonrisa de lado se plasmó en mi rostro. En un movimiento preciso, lo alejé. Desabroché mi cinturón y bajé del auto, su gesto era de desconcierto total, sin embargo prontamente entendería mis acciones.—¿Me sigues a la parte trasera de tu auto? —pregunté sin vergüenza, of
Mi mente está totalmente turbada en el momento en que me subo al vehículo. El olor a mentolado, que antes no había notado, inunda mis fosas nasales y no ayuda a ahuyentar el hecho de que tome una mala decisión, pero aun así me dejo llevar por mi juicio improperio. —¿Vives cerca? —indagué sin apartar la mirada del camino. Thiago me observa de reojo antes de responder, como examinando. —Sí, pero estoy yendo a por algo de comer. No te molesta, ¿verdad? No respondo hasta después de unos segundos. —No. Él asiente ante mi respuesta. Todo se fundió nuevamente en un silencio que por alguna razón me incomodé. Quizás sea porque estoy acostumbrada a que él sea quien mantenga las conversaciones a flote, el ambiente relajado y a mí menos seria. —¿Y si mejor vamos a tomarnos unos tragos? —tente con aire desinteresado. Thiago abrió su boca una, dos, tres veces sin pronunciar palabra, dudando muy seriamente. Fijé mis ojos en él, expectante. —Detén el auto —demandé. —¿Qué? —Que detengas e
—No sé por qué todavía te lo preguntas, hace bastante tiempo tus acciones demuestran que eres más que un tonto —dicho esto, sorbí mi nariz, y aclaré mi garganta. El nudo que yacía, apretando la misma, estaba ahí, sin embargo, no tan notable como tiempo atrás—. Es tarde, debo ir a casa. Tan rápido como me levanto, el frío de la noche me golpea de lleno la cara, de la misma forma, el hecho de que todas mis pertenencias se quedaron en la casa de María; mi teléfono celular, mi dinero, absolutamente todo. Observé con ímpetu a Thiago, quien se posicionó a mi lado. —¿Dime por qué no te veo nada? —cuestiono, aunque ya previsto la respuesta. —¿A qué te refieres? —pregunta con toda la inocencia y tranquilidad que nadie más aparte de él posee. —¡Me refiero a que no te veo nada! —indico en un tono medio exaltado—, no veo tu celular y tus bolsillos están planos. Evidentemente, no hay dinero ahí. Thiago mira los bolsillos de sus pantalones con cierta confusión, supe que no había entendido lo q





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