Mundo ficciónIniciar sesiónNeferet no es cantante ni actriz, pero eso no es impedimento para que ande de boca en boca tal cual celebridad. Desde que la noticia de su ruptura con su pareja de cinco años salió a la luz ha sido el blanco de críticas y habladurías. Puesto que, a sus veintiocho años no se ha casado ni ha tenido hijos y este rompimiento para muchos significa soltería de por vida. Cuando las olas parecen estar tranquilas y deja de ser el centro de atención, nuevamente la marea la arrastra y la hunde al estar involucrada amorosamente con un chico siete años menor que ella.
Leer más—Puedo decir lo mismo, mi querido Sebastián —hablé con ciertas intenciones y él capto inmediatamente cuáles eran—. Pero mis secretos nunca serán tan mordaces como los tuyos.—¿Qué se supone que está pasando aquí? —interviene en una cuestionante Thiago, mirándonos por intervalos. Se encuentra ofuscado en la ignorancia, es comprensible, ¿pero es adecuado que sea yo quien lo ponga en contexto de lo que está pasando? Al final del día, no soy tan maldita y la vergüenza en este momento no solo me pertenece a mí. —No tengo tiempo para esto, vamos, Neferet, hablemos afuera —dicho esto, tomó mi mano con intención de guiarme a su antojo. No lo permití. —¿Quién te crees? —interpelé con el ceño fruncido y una mirada mordaz, agria, mientras a la vez, me solté con acritud—, ¿por qué te permites tocarme?, ¿con qué derecho? —Neferet… —dijo mi nombre como un tipo de advertencia, elevé ambas cejas y le dediqué una sonrisa de lado. —¿Te atreves? —cuestioné, entre tanto di un suspiro al viento en ca
No nos tomó ni un segundo para que nuestros labios se movieran uno encima del otro en sincronía perfecta.Mi respiración se intensifico junto con nuestros movimientos, sus manos ahora enredadas en mis cabellos, acortando, arrastrándome hacia él, hacia más cercanía.—Neferet… —mi nombre salió de sus labios en un susurro persistente.Lo sentí estremecer y para encubrir este hecho, su mano se ensambló con fuerza en mi cabellera, mordí mi labio inferior en respuesta.Provoqué nuestra separación, solo a milímetros de distancia, mientras mi dedo índice fue colocado en sus labios húmedos, desamparados.—No quiero pensar en nada, bésame, solo hazlo de esa manera y mantelo ahí.Thiago cohibido en ansia se limitó a asentir, una sonrisa de lado se plasmó en mi rostro. En un movimiento preciso, lo alejé. Desabroché mi cinturón y bajé del auto, su gesto era de desconcierto total, sin embargo prontamente entendería mis acciones.—¿Me sigues a la parte trasera de tu auto? —pregunté sin vergüenza, of
Mi mente está totalmente turbada en el momento en que me subo al vehículo. El olor a mentolado, que antes no había notado, inunda mis fosas nasales y no ayuda a ahuyentar el hecho de que tome una mala decisión, pero aun así me dejo llevar por mi juicio improperio. —¿Vives cerca? —indagué sin apartar la mirada del camino. Thiago me observa de reojo antes de responder, como examinando. —Sí, pero estoy yendo a por algo de comer. No te molesta, ¿verdad? No respondo hasta después de unos segundos. —No. Él asiente ante mi respuesta. Todo se fundió nuevamente en un silencio que por alguna razón me incomodé. Quizás sea porque estoy acostumbrada a que él sea quien mantenga las conversaciones a flote, el ambiente relajado y a mí menos seria. —¿Y si mejor vamos a tomarnos unos tragos? —tente con aire desinteresado. Thiago abrió su boca una, dos, tres veces sin pronunciar palabra, dudando muy seriamente. Fijé mis ojos en él, expectante. —Detén el auto —demandé. —¿Qué? —Que detengas e
—No sé por qué todavía te lo preguntas, hace bastante tiempo tus acciones demuestran que eres más que un tonto —dicho esto, sorbí mi nariz, y aclaré mi garganta. El nudo que yacía, apretando la misma, estaba ahí, sin embargo, no tan notable como tiempo atrás—. Es tarde, debo ir a casa. Tan rápido como me levanto, el frío de la noche me golpea de lleno la cara, de la misma forma, el hecho de que todas mis pertenencias se quedaron en la casa de María; mi teléfono celular, mi dinero, absolutamente todo. Observé con ímpetu a Thiago, quien se posicionó a mi lado. —¿Dime por qué no te veo nada? —cuestiono, aunque ya previsto la respuesta. —¿A qué te refieres? —pregunta con toda la inocencia y tranquilidad que nadie más aparte de él posee. —¡Me refiero a que no te veo nada! —indico en un tono medio exaltado—, no veo tu celular y tus bolsillos están planos. Evidentemente, no hay dinero ahí. Thiago mira los bolsillos de sus pantalones con cierta confusión, supe que no había entendido lo q





Último capítulo