Verónica miró a su alrededor, buscando una mínima distracción en los ojos desorbitados de Rodrigo. Con el corazón latiéndole en la garganta, intentó escapar corriendo hacia la maleza, pero no avanzó ni tres pasos. Rodrigo reaccionó con una velocidad brutal; la jaló con fuerza del pelo por la espalda y la tiró al piso de un golpe seco sobre la tierra.
—¡No vas a ningún lado, zorra! —le rugió él, parado encima de ella, apuntándola con el arma.
El dolor en el vientre fue agudo, pero la desespe