Verónica no lo pensó dos veces. Sabía que era la única oportunidad que tendría para salvar a sus hijos. Aprovechando el descuido del hombre, que ya se daba la vuelta para marcharse, sacó la botella de vidrio que tenía oculta detrás de su espalda y, con un movimiento rápido y certero, le dio un golpe con todas sus fuerzas directamente en la cabeza.
El impacto resonó seco en la habitación. El hombre soltó un quejido ahogado, perdió el equilibrio y cayó de rodillas al piso, llevándose de inmediat