El regreso a la conciencia fue lento y doloroso. Lo primero que Verónica sintió fue un terrible dolor de cabeza y un sabor amargo en la boca. Abrió los ojos despacio, parpadeando con dificultad ante la claridad que entraba por el gran ventanal. La lluvia de la madrugada había cesado; el sol brillaba con fuerza afuera, iluminando la habitación con una luz pacífica que contrastaba con el infierno que ella empezaba a recordar.
Se llevó una mano al vientre de forma instintiva. Al sentirlo completa