El sonido metálico de las esposas al abrirse fue reemplazado de inmediato por el estruendo ensordecedor de una pesada reja de hierro al cerrarse a sus espaldas. El eco resonó en el pasillo gris y húmedo, golpeando los oídos de Verónica como una sentencia de muerte. El olor a desinfectante barato, sudor acumulado y encierro inundó sus sentidos, provocándole una intensa náusea que la obligó a apoyarse contra la pared de concreto frío.
Apenas habían pasado unas horas desde que la subieron a la f