Las contracciones comenzaron en la madrugada de un martes lluvioso. Verónica se despertó con una punzada intensa en la espalda baja que la obligó a aferrarse a las sábanas de la suite. Al principio intentó mantener la calma, respirando despacio como le habían enseñado, pero cuando el dolor se repitió apenas diez minutos después, supo que el momento había llegado. Su hijo estaba listo para nacer.
Con dificultad, Verónica presionó el botón de emergencia junto a la cama. En cuestión de segundos,