Mientras Verónica se preparaba para iniciar su gran transformación en la ciudad de Miami, la tensión en Nueva York se volvía cada vez más insoportable. Rodrigo de la O no había podido pegar el ojo en toda la noche. La noticia de la liberación de su exmujer lo perseguía como una sombra. Desesperado por encontrar respuestas rápidas, usó sus contactos más antiguos y secretos para localizar al hombre que lo había ayudado a armar toda la trampa cuatro años atrás. No iba a quedarse de brazos cruzados