La decisión del rey de celebrar la restauración de la casa de Acasias trajo un despliegue de esplendor que el palacio no veía desde hacía años. Los grandes salones se llenaron de candelabros de bronce, estandartes con el león dorado y carruajes de la alta nobleza que llegaban desde las provincias del norte y del oeste.
Selena caminaba por la gran galería vistiendo un traje de seda verde esmeralda con los bordados en plata característicos de la casa de su padre. A su lado, Paolo, impecable en