—¡El rey Christopher no gobierna para ustedes! —resonaba la voz de Selena, proyectándose sobre la plaza acallada—. ¡Gobierna bajo la sombra del chantaje! Ha mantenido cautivo mi honor y la vida de mi familia para obligarme a vestir este oro. ¡Un hombre que amenaza la vida de un anciano inofensivo para asegurar una corona no merece llevarla!
El murmullo entre la gente se convirtió en un rugido sordo. Los ciudadanos empezaban a empujarse, pidiendo explicaciones. Los nobles, reunidos en los balc