Después de la monumental sorpresa que don Marcos nos tenía preparada a todos desde el más allá, los lobos no tardaron en salir hambrientos de su cueva para atacar de nuevo. Los muy descarados ya se habían gastado y despilfarrado casi la totalidad de la fortuna que yo les había devuelto con tanta dignidad meses atrás, y ahora, al enterarse del nuevo testamento, querían más. Pero esta vez se iban a estrellar contra una pared de concreto. Yo ya no era la misma oveja indefensa y sumisa de antes;