Loret, demostrando una calidad humana increíble, se conmovió tanto por mi situación que decidió quedarse a mi lado durante todo el proceso. Me sostuvo la mano, me dio ánimos y me acompañó fielmente hasta que, tras un último esfuerzo, nació mi bebé. Era un niño precioso, completamente sano y hermoso. En cuanto la enfermera lo limpió y lo puso en mis brazos, experimenté la felicidad más pura y absoluta de toda mi existencia.
-Es bellísimo, Juliana -me dijo Loret con los ojos brillantes, mirand