Era mi noche de bodas. Estaba tan emocionada y, al mismo tiempo, con los nervios de punta haciéndome cosquillas en el estómago. Para esa ocasión tan especial, había gastado una buena cantidad de dinero comprando la ropa interior más sexy y atrevida que encontré. Nos habíamos hospedado en un hotel de lujo en la ciudad para, al día siguiente, salir muy temprano rumbo a nuestra luna de miel en las Bahamas.
¡Sí, de verdad, leyeron bien! ¡A las Bahamas!
Aún me parecía sorprendente y casi irreal