Aunque no estaba claro si sería despedida, lo cierto era que, cuando Delia regresara, la herencia de la familia Hernández debía dividirse, y ella al menos debía recibir la mitad.
¡Pero todo eso debería ser suyo!
Esa perra, ¿con qué derecho le quita lo que le pertenece?
Isabella la miró resignada: —¿Ahora tienes miedo?
—¿Y tú no?
—¿De qué sirve tener miedo?
En los ojos de Isabella brilló un destello de determinación, como si ya tuviera un plan: —Si obedeces, te aseguro que al final recibirás no s