—¿En serio?
Él aún estaba dudando.
Me puse furiosa:
—¡Sí! ¡Rápido!
Juan se alegró mucho y enseguida se apresuró a desatarme las cuerdas.
Sin embargo, justo en el momento en que recuperé mi libertad, alguien me agarró bruscamente del brazo por detrás y, antes de que pudiera reaccionar, sentí el frío de algo presionando contra mi sien.
Mi experiencia viendo películas policiacas me indicó que se trataba del cañón de un arma.
Me tensé por completo, sin atreverme a moverme, mientras él me levantaba.