Mateo le dio un suave beso en la sien y, con voz cautivadora, le susurró al oído:—Cuando lleguemos a casa, haz lo que quieras, yo me adapto.
...
Olaia sabía perfectamente que Mateo había llegado.
Después de toda la noche sin verse, lo más seguro era que estarían demasiado ocupados el uno con el otro, así que no tenía prisa por hacer que Delia regresara.
Estaba atenta a la medicación, y cuando comenzaba a sentirse algo mareada y con sueño, la puerta de la habitación se abrió.
Pensó que era Delia,