C64: Si ella decidió hacerlo, fue por su propia voluntad.
La sala del tribunal estaba impregnada de un ambiente pesado que sólo los lugares donde se deciden cosas irreversibles pueden tener. Ámbar permanecía sentada junto a Elías, quien hojeaba meticulosamente los documentos ordenados dentro de una carpeta. Ella, en cambio, no podía mantener quietas las manos. Jugaba con sus dedos mientras que, a unos metros, Vidal estaba sentado con su abogado, escudriñándola con el rostro impasible.
Finalmente, el juez tomó asiento. Su voz, cuando habló, resonó con