C24: Puedes estar con quien quieras.
Ámbar se hallaba sentada al borde de la cama, inclinada sobre su teléfono. La tenue luz de la lámpara iluminaba su rostro pálido, y el brillo de la pantalla revelaba el temblor de sus manos. Leía una tras otra las publicaciones que circulaban sobre ella: titulares falsos y comentarios crueles. Apretaba el celular debido a la frustración y sus ojos estaban rojos no solo por el llanto, sino por la impotencia y el dolor que la carcomían por dentro.
Cuando escuchó el sonido de la puerta abrirse, se