Elías se aproximó a la pareja y, sin perder tiempo, intercambió una mirada breve con Raymond, y entre ambos ayudaron a Ámbar a salir de la mansión para avanzar hasta el auto. Cada paso resultaba pesado para ella; su cuerpo parecía no responderle con la misma agilidad de antes.
Al llegar al vehículo, la acomodaron con sumo cuidado en el asiento trasero, procurando no causarle más dolor del que ya estaba soportando. Luego, Elías se inclinó ligeramente hacia Raymond.
—Tú ve con ella atrás. Yo cond