Raymond actuó con rapidez. En cuanto comprendió que las respuestas no llegarían solas, recurrió a personas especializadas en rastrear ausencias, hombres discretos acostumbrados a moverse entre silencios, registros fragmentados y trayectorias incompletas.
Les proporcionó toda la información básica de la que disponía: los últimos lugares que Layla frecuentaba, sus contactos conocidos, ciertos hábitos que podían resultar relevantes. En ese punto, Margot fue indispensable. Era ella quien conocía a su sobrina con mayor profundidad, quien podía aportar detalles que, a simple vista, parecían irrelevantes, pero que en manos adecuadas podían convertirse en una pista decisiva. Fue Margot quien habló de sus rutinas, de las personas con las que solía reunirse, de los sitios que visitaba con mayor frecuencia, sin sospechar siquiera que había zonas de la vida de Layla que desconocía por completo.
Margot ignoraba, en particular, el vínculo que Layla había mantenido con Vidal. No sabía que él era qui