Raymond actuó con rapidez. En cuanto comprendió que las respuestas no llegarían solas, recurrió a personas especializadas en rastrear ausencias, hombres discretos acostumbrados a moverse entre silencios, registros fragmentados y trayectorias incompletas.
Les proporcionó toda la información básica de la que disponía: los últimos lugares que Layla frecuentaba, sus contactos conocidos, ciertos hábitos que podían resultar relevantes. En ese punto, Margot fue indispensable. Era ella quien conocía a