Ámbar asintió despacio. Permaneció en silencio unos segundos, reflexionando, hasta que habló con un hilo de voz más sereno, aunque igualmente tenso.
—Iré a buscar algún libro —indicó—, a ver si puedo leer un poco para distraerme. Pero… no quiero irme de aquí. Quiero quedarme contigo.
Raymond levantó la vista hacia ella y asintió con suavidad. En su rostro se dibujó una sonrisa tenue, cansada, pero sincera; sus ojos brillaban con gratitud y afecto, como si aquella simple compañía fuera, en ese m