C172: Tú eres la responsable de este acto.
Layla permaneció inmóvil, paralizada en el umbral de la estancia, cuando las palabras de Raymond terminaron de asentarse en su mente. Durante un breve instante creyó que quizá se trataba de un equívoco, una interpretación errónea, o incluso una broma de mal gusto; sin embargo, pronto comprendió que no existía margen para esa posibilidad.
Raymond nunca jugaba con asuntos tan importantes, y menos aún con algo tan grave como expulsarla de su vida. Por ello, un estremecimiento helado se extendió por su cuerpo cuando entendió que él hablaba en serio, que cada sílaba que había pronunciado era definitiva.
—¿Qué? —murmuró al fin—. ¿Cómo que quieres que me vaya? No… no lo entiendo.
Raymond permaneció erguido, imponente, con el ceño fruncido y una expresión que había borrado por completo todo rastro de la cordialidad que solía mostrarle.
—Oíste bien —respondió—. Y creo que también comprendes perfectamente lo que he dicho. Recoge tus cosas y abandona mi casa.
La confusión de Layla se transformó r