C143: Estoy tratando de dejarte ir.

Ámbar, sin embargo, no se movió para recibirlo. Se estaba esforzando en controlar los sollozos, en recomponer su respiración. Sus dedos temblorosos trataban de borrar las lágrimas que no dejaban de resbalarle por las mejillas.

Cuando él se colocó frente a ella, Ámbar retrocedió un poco.

—No… por favor… no te acerques.

Raymond ignoró la súplica. Extendió ambas manos y la tomó del rostro con suavidad, abarcando sus mejillas entre sus palmas cálidas. El gesto la estremeció. Sus narices estaban tan próximas que un movimiento mínimo habría bastado para rozarlas.

Él la miró fijamente, con una intensidad que casi la obligó a sostenerle la mirada.

—Dímelo —susurró él—. ¿Me amas? ¿Te enamoraste de mí?

Ámbar cerró los ojos un instante y asintió.

—No debí… —balbuceó ella—. No debí, pero sucedió.

Las lágrimas volvieron a desbordarse. Raymond empezó a limpiarlas con los pulgares, con movimientos lentos y cuidadosos. Ella apartó una mano para detenerlo, aunque fue en vano.

—No quiero tu compasión,
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