Las fotografías que habían capturado a Vidal Benaroch y a Raymond Schubert intercambiando puñetazos en pleno parque se propagaron con una rapidez casi vertiginosa. Ese era el verdadero alcance de las redes sociales: bastaban unos minutos para que una imagen se convirtiera en un mensaje viral, replicado por decenas de usuarios que, sin conocer el trasfondo, se apresuraban a comentar, juzgar y especular.
En cuestión de minutos, la escena del altercado estaba en los teléfonos de miles de personas.