C131: Acompañada de un hombre.
Raymond regresó a la mansión a mediodía. Había prometido a Ámbar que almorzarían juntos cada día desde el incidente de la intoxicación, y aquella promesa no era una formalidad vacía para él; la asumía como un deber íntimo, casi sagrado.
Consideraba imprescindible supervisar que ella comiera bien, que nada perturbara su estado, especialmente ahora que el embarazo la hacía más vulnerable. Así que, al concluir lo indispensable en su trabajo, volvió a casa con la convicción de encontrarla en su habitación.
Sin embargo, el cuarto estaba impecablemente ordenado, pero vacío. La bandeja que él había dejado a la mañana seguía allí, parcialmente vacía. Lo primero que hizo fue revisar el baño, esperando verla retocándose el rostro o lavándose las manos. Pero no había nadie.
Salió al pasillo, avanzó hacia las escaleras y comenzó a recorrer cada rincón de la mansión con una inquietud que crecía a cada paso. Preguntó a los empleados si alguien la había visto, pero todos respondían lo mismo: nadie s