C130: Te abriré una puerta.
Raymond, esforzándose por mantener un semblante sereno a pesar de la irritación que comenzaba a brotarle bajo la piel, volvió a enfrentarse a Layla.
—Ya te dije que no hagas ese tipo de comentarios. No me gustan —sentenció, articulando cada palabra con una mesura deliberada, como si estuviera marcando límites que ella se negaba a aceptar—. Y por otro lado, esas son cuestiones que no te incumben en absoluto. No vuelvas a cruzar esa línea.
Layla abrió la boca, quizá para defenderse, quizá para insistir, pero Raymond ya no le concedió la oportunidad. Tomó la bandeja del desayuno y la sostuvo entre ambas manos.
—Espero que todo haya quedado claro —concluyó él.
Pasó a su lado sin mirarla, esquivándola. Ascendió las escaleras con la bandeja bien sujeta, y al llegar a la habitación de Ámbar, empujó la puerta con el hombro y entró con suavidad, esperando verla en la cama o quizá apoyada en la ventana.
Pero el dormitorio estaba desierto.
Frunció el ceño, dejó la bandeja sobre la mesa auxiliar