Predecible.
La comida llegó y mientras revolvía la ensalada, miró por el rabillo del ojo al hombre. Impasible como de costumbre, con ese rostro de facciones toscas, pero tan apuesto e imponente. Si tan solo no fuera tan guapo, las cosas serían más fáciles y su corazón no latiría con frenesí dentro de su pecho…
¿Qué carajo? No, de ninguna manera se podía permitir caer bajo un hechizo impulsado solo por la belleza del hombre. No podía permitir que su tonto corazón siguiera latiendo con brío por alguien que n